Los Periódicos
Los Periódicos Lo preguntó con una extraña caÃda de tono, como si su mente estuviera demasiado saturada. Por un lado, era una perspectiva siniestra en lo que a él le concernÃa, pero, por otro, dejaba el camino expedito. Con Beadel fuera de juego su propio caso podÃa vivir; era evidente que meditaba sobre cómo podÃa ser eso de estar a la vez tan muerto y tan vivo. En cualquier caso, el primer efecto que tuvo su pregunta fue el de hacer que Howard Bight mirase directamente a Maud. Ella le devolvió la mirada, pero sin preguntar nada de momento. Le parecÃa insondable y lo que estaba haciendo con el fascinado infatuado creaba una nueva expectación. La verdad es que la mirada de Bight podÃa significar que no sabÃa qué responder, pero incluso si esto era asÃ, ella no tenÃa nada que responder. Asà que al cabo de un momento volvió a hablar sin la ayuda de Maud.
—Yo le he dado por perdido.
Marshal escuchó esto y dijo luego:
—Entonces tendrá que regresar. Es decir, querrá verlo con sus propios ojos, sentir la impresión.
—¿Del revuelo que ha armado? Pues sÃ. —Bight sopesó lo que decÃa—. Eso serÃa lo ideal.
—Y, entonces, eso que usted llama el revuelo... —continuó Marshal lúcidamente— resultarÃa... si cabe... aún más...
—Ya, pero ¿y si no puede?