Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca El sonido de sus palabras, en el que me pareció captar por primera vez una débil vibración de inseguridad, me hizo caer de rodillas junto a la cama y tratar una vez más de poseerlo.
—¡Querido pequeño Miles, querido pequeño Miles, si supieras cómo deseo ayudarte! Solo eso, nada más que eso, y antes de causarte un dolor o hacerte daño, morirÃa antes de tocarte siquiera un cabello. ¡Mi querido y pequeño Miles —y ahora lo solté, aunque fuese ir demasiado lejos—, solo quiero que me ayudes a salvarte!
Pero al instante siguiente comprendà que habÃa ido demasiado lejos. La respuesta a mi súplica fue inmediata, pero llegó en forma de una ráfaga y un escalofrÃo extraños, una corriente de aire helado y un temblor de la habitación tan fuerte que parecÃa que aquella corriente de viento hubiera derribado el ventanal. El muchacho dio un chillido agudo y fuerte, que en medio de los demás ruidos y aun estando yo tan cerca, tanto podÃa ser una exclamación de júbilo como de terror. Volvà a ponerme en pie, consciente de la oscuridad. Momentáneamente permanecimos asÃ, mientras yo escrutaba a mi alrededor y vi que las cortinas no estaban echadas y la ventana seguÃa cerrada.
—¡He sido yo quien la ha apagado, querida! —dijo Miles.