Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca —Más o menos. —Me imagino que mi sonrisa fue minúscula—. No del todo. ¡Eso no nos gustarÃa! —agregué.
—No, supongo que no. Por supuesto, están los otros.
—Están los otros, claro que están los otros —convine.
—Sin embargo, aunque estén —prosiguió él, todavÃa con las manos en los bolsillos y plantado delante de m×, no importan mucho, ¿no es verdad?
Hice todo lo posible por evitarlo, pero me sentà palidecer.
—Depende de lo que se entienda por mucho.
—SÃ, todo depende —dijo conciliador.
