Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca Me miró más abiertamente y ahora la expresión de su rostro me sorprendió como la más bella que le habÃa conocido.
—¿Se queda solo por eso?
—Sin duda. Me quedo como amiga tuya y debido al tremendo interés que tengo por que estés lo mejor posible, al menos en lo que esté en mis manos. Eso no te debe sorprender. —Me temblaba la voz, de tal forma que me era imposible disimular la agitación—. ¿No te acuerdas de lo que te dije, cuando fui a sentarme a tu cabecera aquella noche de tormenta, de que no hay nada en el mundo que no hiciera yo por ti?
—¡SÃ, sÃ! —Por su parte, se le notaba cada vez más nervioso y tenÃa que controlar la entonación; pero lo conseguÃa mucho mejor que yo, riéndose en medio de la seriedad, simulando que bromeábamos alegremente—. ¡Solo que me parece que lo dijo para que yo hiciera algo por usted!
—En parte fue para que hicieras algo por mà —conced×. Pero tú sabes que no lo has hecho.
—Ah, sà —dijo con la más brillante y superficial vehemencia—. Usted querÃa que le dijera algo.
—Eso es. Que me dijeras francamente lo que estabas pensando, ya lo sabes.
—Entonces, ¿se ha quedado por eso?