Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca —Bueno, ¡creo que estoy contento de que a mà sà me convenga Bly!
—Al parecer, has visto más en estas veinticuatro horas que en todo el tiempo anterior. Espero —proseguà con valentÃa— que te hayas divertido.
—Oh, sÃ, nunca habÃa ido tan lejos; por todos los alrededores, a millas y millas de distancia. Nunca habÃa sido tan libre.
TenÃa unos modales muy suyos y a mà no me quedaba más remedio que tratar de seguirlo.
—Bien, ¿te gusta?
Él estaba de pie, sonriendo; luego, al fin, en tres palabras:
—¿Y a usted? —puso más énfasis del que yo nunca hubiera creÃdo posible en tres palabras. No obstante, antes de darme tiempo a responder, continuó como si tuviera la sensación de que era una impertinencia y debÃa retractarse—: No puede haber nada más encantador que la forma como usted se lo toma, pues, desde luego, si ahora estamos juntos y solos, usted es quien está más sola. De todos modos —apostilló—, espero que no le importe demasiado.
—¿Tener que estar contigo? —pregunté—. Querido niño, ¿cómo podrÃa importarme? Aunque he renunciado al derecho de tu compañÃa (tan por encima de mà estás), al menos la disfruto inmensamente. ¿Para qué otra cosa iba a quedarme?