Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca Me echó una mirada que en aquel mismo momento me llamó la atención; luego, empalideciendo, hizo un visible esfuerzo por disimular.
—¿No los mandan a todos…?
—SÃ, a casa. Pero solo de vacaciones. Miles no volverá nunca más.
Dándose cuenta de mi atención, se puso colorada.
—¿No quieren tenerlo?
—Se niegan terminantemente.
Ante esto, levantó los ojos que habÃa escondido y los vi llenos de auténticas lágrimas.
—¿Qué ha hecho?
Dudé; luego me pareció más sencillo darle la carta, lo que, sin embargo, dio lugar a que se pusiera las manos en la espalda sin cogerla. Denegó tristemente con la cabeza.
—Esas cosas no son para mÃ, señorita.
¡Mi consejera no sabÃa leer! Vacilé ante mi error, que quise arreglar como pude, y volvà a abrir la carta para repetÃrsela. Luego, temblando al hacerlo y doblándola de nuevo, la devolvà a mi bolsillo.
—¿Realmente es malo?
Las lágrimas seguÃan en sus ojos.
—¿Dicen eso los señores?
—No entran en detalles. Se limitan a manifestar su pesar por serles imposible mantenerlo en el colegio. Eso solo significa una cosa.