!Pobre Richard!
!Pobre Richard! Debe decirse, en su descargo, que no habÃa organizado su cortejo en absoluto según la rigurosa estrategia puesta a punto inicialmente. Se dio cuenta muy pronto de que el rencor de Gertrude —si es que habÃa tal— era demasiado impalpable para que él pudiera utilizarlo, a pesar de toda su ciencia, de modo que decidió hacerle la corte como un amante sincero, dÃa tras dÃa, hora tras hora, confiando para lograrlo en la inspiración del momento, y lo hizo con tal fervor que cierto falso aire de pasión auténtica parecÃa conferirle una dignidad aduladora a sus devaneos. Sin embargo, no olvidaba a veces que en realidad se beneficiaba de un agravio comparativo fortuito, pero en una medida que no podrÃa nunca evaluar, habida cuenta de la reserva que acompañarÃa probablemente de por vida a Gertrude.