Washington Square
Washington Square —¡Me aflige usted, señor! A fin de cuentas, es mi hermano. Y sus cualidades, sus cualidades… —Le tembló la voz al pronunciar las últimas palabras y antes de que pudiera darse cuenta rompió a llorar.
—Sus cualidades son de primera magnitud —respondió el doctor—. Tenemos que encontrar un terreno adecuado para ellas. —Y le expresó, con el mayor de los respetos, su sincero pesar por llevarla a tal extremo de turbación—. Todo esto es por mi pobre Catherine —continuó—. Tiene usted que conocerla. Entonces lo comprenderá.
La señora Montgomery se enjugó las lágrimas, al tiempo que se ruborizaba por haberlas derramado.
—Me gustarÃa conocer a su hija —respondió. Y añadió sin pausa—: ¡No permita que se case con él!
El doctor Sloper salió de allà con este dulce bordoneo en sus oÃdos: «¡No permita que se case con él!». Le proporcionaba la satisfacción moral a la que recientemente se habÃa referido, y su valor era tanto más grande cuanto que le habÃa costado a la pobre mujer no pocos remordimientos en su orgullo familiar.