Washington Square
Washington Square —Hablas como un autócrata.
—Hablo como padre de mi hija.
—No como hermano de tu hermana —protestó Lavinia.
—Mi querida Lavinia —dijo el doctor—, somos tan distintos que a veces me asombra que sea tu hermano. No obstante, a pesar de las diferencias, podemos como mÃnimo entendernos, y eso es lo esencial en este momento. Que te andes con cien ojos en lo que respecta al señor Townsend; es todo cuanto te pido. Es muy probable que le hayas escrito en estas últimas tres semanas, incluso que lo hayas visto. No te lo pregunto; no es necesario que me lo digas. —TenÃa la convicción moral de que ella se verÃa tentada a decir una mentirijilla, y le habrÃa disgustado mucho verse obligado a escucharla—. Sólo deseo que dejes de hacer lo que hayas estado haciendo.
—¿Y no deseas también matar a tu hija? —preguntó la señora Penniman.
—Todo lo contrario; deseo que viva y que sea feliz.
—La matarás: ha pasado una noche espantosa.
—No se morirá por una noche espantosa, ni por una docena. Recuerda que soy un médico muy distinguido.
La señora Penniman se mostró dubitativa y por fin se atrevió a replicar: