Washington Square
Washington Square —No deberÃas bajar a desayunar —dijo—. No estás en condiciones, con la noche tan horrorosa que has pasado.
—SÃ, estoy muy bien, y no quiero llegar tarde.
—No te entiendo —dijo su tÃa—. TendrÃas que quedarte tres dÃas en la cama.
—No serÃa capaz —respondió Catherine, para quien esta idea no encerraba el menor aliciente.
Lavinia estaba desesperada y, con enorme fastidio, reparó en que las lágrimas nocturnas no habÃan dejado huella en los ojos de Catherine. Su fÃsico estaba intacto.
—¿Qué impresión esperas causarle a tu padre —preguntó— si apareces tan fresca, sin el menor vestigio de amargura, como si nada hubiese pasado?
—No le gustarÃa que me quedase en la cama —dijo Catherine con simpleza.
—Razón de más para que te quedes. ¿Cómo si no piensas hacerle cambiar de opinión?
Catherine reflexionó un momento.
—No lo sé, pero asà no. Quiero actuar como de costumbre. —Terminó de vestirse y, tal como su tÃa habÃa dicho, apareció tan fresca ante su padre. Era demasiado pudorosa para perseverar en su patetismo.