Washington Square
Washington Square Marian cogió del brazo a Catherine y se la llevó.
—No hace falta que te pregunte qué opinas de Morris —señaló.
—¿Es ése su nombre?
—No pregunto qué opinas de su nombre sino qué opinas de él.
—Bueno, nada en particular —respondió Catherine, disimulando por primera vez en la vida.
—¡Me dan ganas de decírselo! —exclamó Marian con gran entusiasmo—. Le vendrá bien; es muy engreído.
—¿Engreído? —repitió Catherine, mirando a su prima.
—Eso dice Arthur; y Arthur lo conoce bien.
—¡No se lo digas, por favor! —imploró Catherine con un murmullo.
—¡Que no le diga que es engreído! Ya se lo he dicho docenas de veces.
Al oír esta declaración de osadía, Catherine miró a su interlocutora de hito en hito. Atribuyó el descaro de Marian al hecho de que iba a casarse, pero también se preguntó si, cuando ella se prometiera, se le exigirían las mismas proezas.