Washington Square
Washington Square El doctor resistió una semana entera, y un dÃa, por la mañana, a una hora en la que Catherine rara vez lo veÃa en casa, apareció en el salón trasero. HabÃa esperado el momento de encontrarla a solas. Estaba ocupada en algún quehacer, y su padre se detuvo ante ella. Se disponÃa a salir; llevaba puesto el sombrero y se estaba enfundando los guantes.
—Tengo la sensación de que no me estás tratando con la consideración que merezco —dijo, sin preámbulos.
—No sé qué haya podido hacerte —respondió Catherine, sin levantar la vista de su tarea.
—Al parecer has borrado de tu cabeza la petición que te hice en Liverpool antes de zarpar: que me avisaras con antelación antes de dejar mi casa.
—No he dejado tu casa —dijo ella.
—Pero lo tienes en mente, y por lo que me has dado a entender tu partida debe de ser inmediata. En realidad, tu cuerpo sigue aquÃ, pero tus pensamientos ya se han alojado junto a tu futuro esposo, y para los que disfrutamos de tu compañÃa es lo mismo que si ya te encontraras bajo el techo conyugal.
—Procuraré estar más alegre —dijo Catherine.
—DeberÃas estarlo; lo contrario es pedir demasiado. Al placer de casarte con un joven encantador le sumas el de actuar según tu capricho. ¡Yo te tengo por una muchacha muy afortunada!