Washington Square
Washington Square Una de estas calurosas noches de julio a las que ya se ha aludido, se encontraban las dos damas sentadas junto a una ventana abierta, contemplando la plaza tranquila. HacÃa demasiado calor para encender las lámparas, para leer o para hacer labor; incluso para charlar. La señora Penniman llevaba un buen rato callada. Se hallaba en el balcón, tarareando una melodÃa. Catherine estaba en el salón, en una mecedora, vestida de blanco, abanicándose despacio con una hoja de palma. De esta manera, en esta época del año, acostumbraban a pasar las veladas después de cenar.
—Catherine —dijo la señora Penniman sin previo aviso—, voy a decirte algo que te va a sorprender.
—DÃmelo, por favor —respondió Catherine—. Me gustan las sorpresas. Y últimamente todo está muy tranquilo.
—Te lo diré: he visto a Morris Townsend.
Si Catherine se sorprendió, evitó manifestar su sorpresa: no se sobresaltó, ni profirió ninguna exclamación. En realidad, se quedó muy quieta, lo que bien podÃa ser un sÃntoma de emoción.
—Espero que esté bien —dijo por fin.
—No lo sé. Está muy cambiado. Le gustarÃa mucho verte.
—PreferirÃa no verlo —se apresuró a responder Catherine.