Washington Square
Washington Square Catherine siguió viviendo en la casa paterna, por más que se le antojara que una mujer soltera de costumbres tranquilas acaso pudiera encontrar una residencia más idónea en alguna de las viviendas menos espaciosas, con la fachada de piedra rojiza, que a la sazón comenzaban a adornar las vías transversales de la zona norte de la ciudad. Le gustaba esta construcción de otra época, que para entonces ya había empezado a llamarse «casa antigua», y allí se proponía concluir sus días. Que fuese demasiado grande para una pareja de damas sin pretensiones era mejor que el defecto contrario, pues Catherine no deseaba verse viviendo con su tía en un espacio reducido. Esperaba pasar lo que le quedara de vida en Washington Square y disfrutar de la compañía de la señora Penniman todos esos años, pues tenía la convicción de que, por muchos años que viviese, su tía viviría al menos tantos como ella sin perder nunca su brillo y su actividad. La señora Penniman sugería en Catherine la noción de una vitalidad magnífica.