Washington Square
Washington Square —¿Se ha enamorado de esta majestuosa criatura? —inquirió el doctor en tono jocoso.
—¡Padre! —protestó la muchacha, en un tono apenas audible, agradeciendo de todo corazón la oscuridad del coche.
—Eso no lo sé, pero elogió su vestido.
Catherine no se preguntó: «¿Sólo mi vestido?». El anuncio de su tÃa Lavinia la impresionó por su riqueza y no por su escasez.
—Ya lo ves —dijo su padre—. Cree que tienes ochenta mil años.
—No creo que lo piense —replicó la señora Penniman—. Es un joven demasiado refinado.
—¡Debe de ser refinadÃsimo para no pensarlo! —fue la respuesta del doctor.
—¡Pues sà que lo es! —exclamó Catherine sin darse cuenta.
—CreÃa que estabas dormida —dijo su padre. Y añadió para sus adentros: «¡Ha llegado la hora! Lavinia se dispone a organizar un romance para Catherine. Es una vergüenza que recurra a esos ardides»—. ¿Cómo se llama el caballero? —preguntó en voz alta.
—No me quedé con su nombre, y no quise preguntárselo. Pidió que nos presentaran —explicó la señora Penniman con cierta grandeza—. Pero ya sabes lo mal que vocaliza Jefferson. —Jefferson era el señor Almond—. Catherine, querida, ¿cómo se llama el caballero?