Washington Square
Washington Square —Estoy bastante cansada —murmuró. Como ya se ha señalado, esta fiesta era el comienzo de algo importante para Catherine. Por segunda vez en su vida, no fue franca en su respuesta; y el comienzo de una época de disimulo es con seguridad una fecha significativa. Catherine no se fatigaba por tan poca cosa.
Sin embargo, de vuelta a casa, en el carruaje, estuvo tan callada como si su fatiga fuera cosa cierta. La manera en que el doctor Sloper se dirigió a su hermana Lavinia se asemejó mucho al tono que antes habÃa adoptado con su hija.
—¿Quién era ese joven que te estaba cortejando? —preguntó.
—¡Qué cosas tienes, hermano mÃo! —musitó con desdén la señora Penniman.
—ParecÃa muy enternecido. Estuve media hora observándoos, y puedo asegurarte que su aire era de auténtica devoción.
—Su devoción no era por mà —respondió la señora Penniman—. Era por Catherine. Me estuvo hablando de ella.
Catherine los escuchaba con la mayor atención.
—¡TÃa Penniman! —exclamó con voz débil.
—Es muy apuesto; es muy inteligente. Se expresaba con muchÃsimo… con muchÃsimo acierto —continuó su tÃa.