Washington Square
Washington Square —¿Es posible que esta persona tan magnÃfica sea mi hija? —preguntó.
HabrÃa sido una sorpresa para él que alguien le hubiese dicho que sÃ. Cierto era que siempre se dirigÃa a su hija con ironÃa. Y a ella siempre le causaba placer que se dirigiese a ella, aun cuando se viese obligada a dejar a un lado su placer, por asà decir. HabÃa retazos de sorna, pequeños restos y fragmentos de ironÃa, con los que Catherine nunca sabÃa qué hacer, que presumÃa demasiado sutiles para ella; y, aunque lamentaba sus limitaciones intelectuales, encontraba estas apreciaciones demasiado valiosas para desecharlas, y estaba convencida de que, si las almacenaba en su cabeza, acaso contribuyeran a aumentar su sabidurÃa.
—No estoy magnÃfica —respondió con modestia, deseando haberse puesto otro vestido.
—Estás suntuosa, opulenta, derrochadora —repuso su padre—. Parece que tuvieras ochenta mil años.
—Pero como no los tengo… —fue la ilógica respuesta de Catherine. TenÃa por el momento una noción muy imprecisa de su fortuna.
—Como no los tienes, no deberÃa parecer que sà los tienes. ¿Lo estás pasando bien?
La joven vaciló unos instantes, y apartó la mirada antes de responder.