Washington Square
Washington Square —Bueno, a la gente distinguida. A todas las muchachas bonitas… ¡como la señora Penniman! —Y Arthur Townsend se rio para sus adentros.
—A mi tÃa le gusta mucho —dijo ella.
—A la mayorÃa de la gente le gusta… es muy brillante.
—Parece extranjero —observó Catherine.
—Bueno, yo nunca he conocido a un extranjero —respondió el prometido en un tono que parecÃa denotar que su ignorancia estaba justificada.
—Yo tampoco —confesó Catherine, con más humildad—. Dicen que son muy brillantes —añadió vagamente.
—A mà los neoyorquinos me parecen bastante inteligentes. Sé que algunos se consideran demasiado inteligentes para relacionarse conmigo, pero no es verdad.
—No creo que nadie pueda ser demasiado inteligente —señaló la joven, con la misma humildad.
—No lo sé. Algunos dicen que mi primo es demasiado inteligente.
Catherine recibió esta revelación con hondo interés y la sensación de que, si Morris Townsend tenÃa algún defecto, naturalmente serÃa ése. Pero no quiso comprometerse y al momento preguntó:
—¿Piensa quedarse aquà definitivamente, ahora que ha regresado?