Washington Square
Washington Square Y sus palabras eran la pura verdad. La señora Penniman no era una mujer valiente, y veía en Morris Townsend a un joven de gran fortaleza y notables facultades para la sátira: un espíritu brillante, resuelto y agudo, en cuya presencia uno debía obrar con suma cautela. Concluyó que era un muchacho «imperioso» y le gustó tanto la palabra como la idea. No tenía ni un ápice de celos de su sobrina, y había sido completamente feliz con su marido, pero en lo más hondo de su ser se permitió la siguiente observación: «¡Un marido así tendría que haber tenido yo!». El joven Townsend era sin duda mucho más imperioso —imperial, terminó por llamarlo— que el señor Penniman.