Washington Square
Washington Square Después de la cena Morris Townsend se acercó a Catherine, que estaba junto a la chimenea con su vestido de satén rojo.
—No le gusto… no le gusto ni un pelo —dijo.
—¿A quién? —preguntó Catherine.
—A su padre. ¡Un hombre formidable!
—No sé por qué dice eso —respondió Catherine, ruborizándose.
—Lo noto. Soy muy intuitivo.
—Es posible que se equivoque.
—¿Eso cree? Pregúntele y verá.
—Prefiero no preguntar nada, si existe el riesgo de que responda lo que usted se figura.
Morris la miró con gesto triste y burlón.
—¿No le agradarÃa contradecirle?
—Jamás le contradigo —dijo Catherine.
—¿TolerarÃa que se me insultara sin despegar los labios en mi defensa?
—Mi padre jamás harÃa una cosa asÃ. No lo conoce usted lo suficiente.
Morris Townsend soltó una sonora carcajada, y Catherine volvió a sonrojarse.
—No tengo intención de hablarle de usted —insistió, tratando de eludir su confusión.