Washington Square
Washington Square —Dejaré mi defensa en tus manos; es una acusación ante la cual un hombre no puede rebajarse a responder.
También Catherine se quedó pensativa. Observaba a Morris, mientras él miraba por la ventana.
—Morris —dijo, de pronto—, ¿estás seguro de que me amas?
Morris se dio la vuelta, y al punto estaba inclinado sobre ella.
—Tesoro mÃo, ¿cómo puedes dudarlo?
—Lo sé tan sólo desde hace cinco dÃas, y ya me parece que no podrÃa vivir sin eso.
—Nunca te verás en la necesidad de hacerlo —respondió él, certificando sus palabras con un conato de risa. Y a renglón seguido añadió—: También tú tienes que prometerme algo. —Catherine habÃa cerrado los ojos tras pronunciar esas últimas palabras. Sin abrirlos, asintió con la cabeza—. Dime —continuó Morris— que, aunque tu padre se oponga a mà rotundamente, aunque prohÃba de raÃz nuestro matrimonio, seguirás siendo fiel.
Catherine abrió los ojos, lo miró, y en su expresión leyó Morris la mejor promesa que ella pudiese haber dado.
—¿Me serás fiel? —insistió—. Recuerda que eres dueña y señora de tus actos… eres mayor de edad.