Washington Square
Washington Square —El señor Morris Townsend. —Y al pronunciar el nombre de su amado, Catherine lo miró. Lo que vio fueron sus ojos verdes y serenos y su sonrisa manifiesta y bien dibujada. Dedicó unos momentos a la contemplación de estos rasgos y una vez más fijó la vista en el fuego. Resultaba mucho más cálido.
—¿Cuándo se ha decidido el compromiso? —inquirió el doctor.
—Esta tarde… hace dos horas.
—¿Ha estado aquí el señor Townsend?
—Sí, padre; en el salón principal. —Se alegró mucho de no verse obligada a decir que la ceremonia de su promesa se había celebrado bajo los ailantos pelados.
—¿Es firme? —preguntó el doctor.
—Del todo, padre.
El doctor calló unos momentos.
—El señor Townsend tendría que habérmelo dicho.
—Tiene intención de decírtelo mañana.
—¿Cuando ya lo he sabido por ti? Tendría que habérmelo dicho antes. ¿O es que se figura que me trae sin cuidado, porque te dejo tanta libertad?
—Claro que no —dijo Catherine—. Sabe que te preocupa. Y nos sentimos muy agradecidos por tu… por esa libertad.
El doctor no pudo contener una carcajada.