Washington Square
Washington Square —Desde luego, es cosa tuya. Como habrás podido observar, me he guiado conforme a ese principio. No me he inmiscuido; te he dado libertad. Me he dicho que ya no eres una niña, que tienes edad para obrar según tu criterio.
—Me siento muy mayor… y muy sabia —dijo Catherine, esbozando una sonrisa muy tenue.
—Mucho me temo que pronto te sentirás todavÃa mayor y más sabia. No me agrada tu compromiso.
—¡Ah! —exclamó tibiamente la muchacha, levantándose del asiento.
—No, hija. Lamento mucho herirte, pero no me agrada. TendrÃas que haberme consultado antes de decidir nada. He sido demasiado indulgente contigo, y tengo la sensación de que has abusado de mi confianza. Definitivamente, tendrÃas que haber hablado conmigo primero.
Catherine vaciló un segundo.
—Si no lo hice es porque temÃa que no te pareciera bien —confesó.
—¡Lo ves! Tienes mala conciencia.
—¡No, no tengo mala conciencia, padre! —respondió ella con ardor—. ¡Por favor, no me acuses de una cosa tan terrible! —Y es que estas palabras se revelaban en su imaginación como algo en verdad espantoso, como algo abyecto y cruel que asociaba con malhechores y convictos—. Fue porque tenÃa miedo… tenÃa miedo —repitió.