El plan maestro
El plan maestro En paralelo, el padre Luc Durand, transformado por su encuentro en el Louvre, regresa a su parroquia en Notre Dame. Decide predicar no sobre la fe, sino sobre el poder del arte como vía de conocimiento. Sus sermones empiezan a atraer miradas incómodas. La jerarquía eclesiástica lo observa con desconfianza. Un superior le advierte:
—No está usted aquí para filosofar sobre ángeles en los vitrales. Está para salvar almas, no para abrir puertas a mundos paganos.
Durand calla. Pero algo en él ya ha cambiado. Ha comenzado a buscar esos patrones ocultos que el anciano le reveló. Encuentra un códice en la biblioteca vaticana que lo estremece: diagramas con proporciones idénticas a las vistas en el Louvre, signos que se repiten en iglesias románicas y templos de civilizaciones precolombinas. Todo parece guiado por una misma geometría sagrada.
Javier, mientras tanto, descubre un archivo olvidado: cartas de artistas que hablaron de visiones, sueños, “presencias” que les dictaban lo que debían pintar. Uno de esos documentos está firmado por El Bosco. En él describe una figura encapuchada que lo visitaba al amanecer y le mostraba fragmentos de paisajes imposibles. Javier recuerda a Fovel. ¿Cuántos Fovels ha habido? ¿Cuántos maestros invisibles han intervenido en el arte?