El plan maestro
El plan maestro En paralelo a la exploración de Javier por las cuevas cántabras, un sacerdote parisino de mirada severa y voz firme —Luc Durand— entra al Louvre con una misión: grabar un video que defienda el arte sacro frente a su banalización moderna. El Louvre lo asfixia y lo fascina. Lo considera un lugar de belleza descontextualizada, donde las piezas religiosas han sido despojadas de su propósito original. Pero esa mañana no está solo. Un anciano lo espera frente a una vitrina con arte mesopotámico.
—Al fin ha llegado —le dice el desconocido—. Lo estaba esperando.
Durand se sobresalta. El viejo parece saber más de lo que deberÃa. Con voz grave, lo arrastra a una conversación que no pidió. Le habla de un plan que se remonta a los albores de la humanidad, de una red de conocimiento sembrada en el arte, y de un grupo que ha guiado la evolución humana mediante sÃmbolos, geometrÃa y revelaciones visuales. El sacerdote, escéptico pero perturbado, escucha. Lo que empieza como una simple visita se transforma en una grieta en su fe.
