La decisión más difícil
La decisión más difícil —Anna, ven aquí—la voz de su madre, firme pero cansada, la llamó desde la cocina. Anna entró y vio a Sara revisando papeles médicos, con la mirada clavada en ellos como si estuviera librando una batalla silenciosa. —Tu hermana necesita una nueva ronda de leucocitos. Te llevaré al hospital mañana. —¿Y si no quiero? —respondió Anna con un temblor en la voz, sintiendo el peso de la culpa incluso antes de que las palabras salieran de su boca.
El silencio se hizo espeso, una pausa que podría romperse con un suspiro. Sara dejó los papeles, sus ojos endurecidos por años de lucha. —No es una cuestión de querer, Anna. Es lo que se necesita para salvarla.
Anna bajó la mirada, pero dentro de ella algo comenzaba a arder. Esa noche, mientras sus padres discutían sobre medicamentos y tratamientos en la sala, ella se encerró en su habitación. Desde su cama podía escuchar los gemidos de Kate al otro lado de la pared, un recordatorio constante del dolor que las unía y las separaba al mismo tiempo.
¿Por qué nací?, pensó Anna mientras sostenía el colgante que su padre le regaló después de su primera extracción de médula. Si no fuera por Kate, ¿yo estaría aquí?
