No traiciones a mi corazón
No traiciones a mi corazón Reina lo sabía. Sus labios se tensaron mientras recordaba a sir Falkes de Rochefort, un noble que hacía dos semanas había intentado forzarla a casarse con él. Cuando ella lo rechazó, su respuesta fue el rencor y la amenaza velada.
—No importa quién esté detrás de esto —respondió Reina, ajustándose los guanteletes. —Mientras yo respire, no se llevarán Claydon.
Un estruendo sacudió las murallas. Las puertas interiores empezaban a ceder. Reina apretó los puños, su mirada fija en el horizonte. Sabía que la defensa no duraría mucho más. Necesitaba una solución. Y rápido.
En ese instante, mientras el caos reinaba, un emisario se presentó en las murallas interiores. Era un hombre alto, con una voz que resonaba como una promesa oscura.
—Soy Ranulf Fitz Hugh —anunció, sosteniendo una lanza ensangrentada. —Traigo hombres y espadas para ayudarte, pero mi lealtad no es gratis.
Reina sintió que el tiempo se detenía. No podía confiar en extraños, y sin embargo, el brillo frío en los ojos de Ranulf no le daba alternativa.
—¿Qué quieres? —preguntó ella, su voz tan afilada como el acero.
—Un título. Y a ti como esposa —respondió él sin rodeos.
