Sigo siendo yo
Sigo siendo yo Ese encuentro casual se transformó en algo más. Paseos improvisados, charlas que fluían como ríos conocidos, risas que nacían fáciles, demasiado fáciles. Josh la trataba como Will la había tratado: con una mezcla perfecta de ternura y desafío. Cada palabra, cada mirada, era un dardo directo al corazón abierto de Lou.
Pero, en algún rincón de su mente, una alarma sorda retumbaba. ¿Amaba a Josh... o amaba lo que Josh le recordaba?
Nathan la observaba con recelo, incapaz de ocultar su incomodidad.
—Solo asegúrate de que ves a la persona real, Lou —le advirtió una tarde, mientras ella, eufórica, describía su último paseo con Josh por el puente de Brooklyn.
Lou se reía, desestimando sus palabras. Quería creer que el universo le estaba dando una segunda oportunidad, que podía ser feliz sin sentir que traicionaba a Will.
Pero la realidad, como siempre, era más complicada. Josh era perfecto... demasiado perfecto. Cada detalle de su vida parecía calculado para encajar con el vacío que Will había dejado. Un día, mientras hojeaban juntos libros en una librería, Josh mencionó casualmente que había asistido a la misma universidad que Will, que amaba los mismos escritores, que incluso había visitado algunos de los mismos rincones de Londres.