Sigo siendo yo
Sigo siendo yo Lou sintió un escalofrío. ¿Era posible que el destino fuera tan meticuloso?
O, peor aún, ¿estaba ella moldeando a Josh en su mente para que llenara un hueco que nunca podría ser llenado?
Una noche, mientras se acurrucaba en su pequeña habitación, abrazada a su teléfono esperando un mensaje de Sam —su novio en Londres, cada vez más lejano—, Lou comprendió la verdad: estaba atrapada entre dos fantasmas. Uno era el recuerdo de Will. El otro, la sombra de una vida que ya no podía recuperar.
Y en medio, estaba ella misma, tambaleándose entre el deseo de aferrarse a lo conocido y el terror de dejarlo ir.
Nueva York era un espejo cruel, y cada reflejo que Lou encontraba le recordaba que seguir adelante no era tan simple como cruzar un océano.
A veces, para sanar, había que aceptar que algunas heridas nunca cerrarían del todo.
Louisa Clark, con su uniforme de asistente y su corazón desgarrado entre dos mundos, fue introducida a un universo donde las sonrisas eran máscaras y las palabras, armas. La alta sociedad de Nueva York no perdonaba errores, ni aceptaba forasteros.