Sigo siendo yo
Sigo siendo yo Cada evento, cada gala, cada reunión en clubes exclusivos era una prueba de fuego para Agnes… y por extensión, para Lou. Las mujeres del Upper East Side la observaban como aves de rapiña, sonriendo con la boca, pero no con los ojos. Acompañarlas era como caminar descalza sobre cristales.
—Recuerda sonreÃr, pero no demasiado —le susurraba Agnes antes de entrar en cualquier evento—. No puedes parecer que te importa demasiado.
Lou asistÃa a cenas donde las conversaciones flotaban como nubes venenosas, impregnadas de juicios apenas velados. Las esposas de los socios cuchicheaban sobre Agnes, recordándole a cada paso que, para ellas, seguÃa siendo la chica polaca que atrapó a Leonard Gopnik.
Una noche, en un salón desbordante de chandeliers y vestidos de seda, Lou escuchó a una de las mujeres murmurar:
—No importa cuánto se esfuerce. La vulgaridad no se lava con dinero.
Lou sintió cómo se le encendÃa la sangre, pero se obligó a tragar la indignación. No era su guerra. No podÃa serlo.
Afuera, las calles brillaban con luces de Navidad, pero dentro del Lavery, las tensiones crecÃan como una tormenta contenida. Agnes, cada vez más insegura, empezó a recostarse más y más sobre Lou, confiándole sus miedos, sus dudas, sus frustraciones.