Sigo siendo yo
Sigo siendo yo —¿Crees que alguna vez dejarán de mirarme as� —preguntó una noche, su voz quebrándose.
—Ellos no te definen —respondió Lou, deseando creerlo tanto como ella.
Mientras tanto, su relación con Josh se volvÃa más turbia. Las primeras citas espontáneas fueron reemplazadas por encuentros incómodos, donde cada palabra parecÃa ensayada, cada gesto, demasiado perfecto.
Una noche, mientras caminaban por Central Park, Josh deslizó el brazo sobre sus hombros y dijo:
—Tú y yo... somos la historia perfecta, ¿verdad?
Lou sintió una punzada en el pecho. ¿Perfecta para quién?
La llamada de Sam llegó esa misma noche, como un eco lejano de una vida que se desvanecÃa. Su voz era cálida, preocupada. Lou sintió un nudo en la garganta. ¿En qué momento habÃa empezado a construir una realidad donde Sam era solo una sombra?
El peso de pertenecer, de encajar en un mundo que no era el suyo, comenzaba a aplastarla. Lou, que habÃa prometido decir sà a todo, se preguntaba si estaba diciendo sà a la persona equivocada.
El reflejo en el espejo del ascensor no era el de Louisa Clark de Stortfold. Era el de una versión editada, retocada, para encajar en un molde que nunca fue hecho para ella.