Sigo siendo yo
Sigo siendo yo Lou, horrorizada, negó las acusaciones, pero la semilla estaba plantada. Bastó una fotografía, una maldita fotografía en la que Josh la besaba en Central Park, para que todo estallara.
Agnes, que ya lidiaba con su propia fragilidad, la miró como si fuera una traidora.
—Confié en ti —dijo con un hilo de voz, antes de volverse y marcharse.
En un abrir y cerrar de ojos, Lou se encontró despedida, desamparada y sola, con su maleta hecha un ovillo a sus pies en medio del frío mármol del Lavery.
Josh intentó justificarse, hablar de malentendidos, de segundas oportunidades. Lou lo miró largo rato, viendo por fin lo que debía haber visto desde el principio: Josh no era Will. Y nunca lo sería.
—No quiero ser parte de tu historia perfecta —dijo Lou, la voz firme pese al temblor en sus manos.
Él se encogió de hombros, como si fuera ella la que no entendía.
Esa noche, arrastrando su maleta por las calles gélidas de Nueva York, Lou sintió la caída libre de alguien que había apostado todo y lo había perdido. Cada paso era una bofetada de realidad: había querido adaptarse tanto que había olvidado quién era.
La ciudad, que una vez le había parecido un lugar de infinitas oportunidades, ahora era una masa indiferente de luces y ruido.