Sigo siendo yo
Sigo siendo yo El uniforme que debÃa usar —polos verde oscuro y pantalones negros— parecÃa un recordatorio constante de su nuevo lugar en el mundo: visible, pero invisible. Una asistente. Una presencia silenciosa en una casa llena de secretos.
—Tenga cuidado con a qué dice sà —le advirtió el agente en el aeropuerto, y esas palabras resonaban ahora en su mente mientras exploraba su nuevo hogar.
Ashok, el portero del edificio, se convirtió en su primer amigo americano. Un hombre de sonrisa ancha y corazón generoso que le ofreció leche cuando no encontró supermercados abiertos en el barrio de los multimillonarios.
—Aquà nadie hace la compra —le explicó—. La comida llega como por arte de magia.
Pero no todo era magia. El edificio, por brillante que luciera, escondÃa grietas: un perro furioso llamado Dean Martin, ancianas con garras afiladas en forma de crÃticas, y miradas que la atravesaban como si fuera un mueble más.
Lou intentaba navegar este nuevo mundo, sosteniéndose en su entusiasmo como en una balsa en medio de un océano impredecible. Cada esquina era una promesa, cada dÃa una prueba.