Milei
Milei Detrás del personaje televisivo y del político provocador, Milei construye su cosmovisión a partir de una serie de referencias tan disímiles como reveladoras. Su base económica se nutre de la Escuela Austríaca, con Mises y Hayek como referentes, pero también de figuras extremas como Rothbard, quien promovía la abolición del Estado y la venta de órganos o bebés. A ese tronco económico se le injerta un componente esotérico: mantiene diálogos con su perro muerto al que considera reencarnado, y asegura recibir mensajes que guían sus decisiones. Más recientemente, se convirtió al judaísmo, lo que añadió otra capa simbólica a su identidad. En paralelo, mantiene vínculos cercanos con sectores del catolicismo integrista, especialmente a través de su vicepresidenta Villarruel. Esta mezcla de racionalismo extremo con misticismo personal, de liberalismo económico con moral religiosa, de cientificismo con creencias sobrenaturales, configura una visión del mundo profundamente personalista. La política, para él, no es solo gestión: es cruzada, destino, batalla espiritual. Su figura concentra atributos mesiánicos, donde la lógica queda subordinada al relato providencial. No propone simplemente un plan económico; se ofrece como redentor, como enviado para destruir el mal.