El Libro de Mormón
El Libro de Mormón 9:3 Y ahora bien, he aquÃ, hijo mÃo, temo que los lamanitas destruyan a los de este pueblo; porque no se arrepienten, y Satanás de continuo los está provocando a la ira unos contra otros.
9:4 He aquÃ, continuamente estoy afanándome con ellos; y cuando les hablo la palabra de Dios con severidad, tiemblan y se enojan conmigo; y cuando no empleo la severidad, endurecen el corazón contra la palabra; por tanto, temo que el EspÃritu del Señor ha cesado de luchar con ellos.
9:5 Porque es tan grande su ira, que me parece que no temen la muerte; y han perdido su amor, el uno para con el otro; y siempre están sedientos de sangre y de venganza.
9:6 Y ahora bien, mi querido hijo, pese a su dureza, trabajemos diligentemente; porque si dejamos de obrar, incurriremos en la condenación. Porque tenemos una obra que debemos efectuar mientras estemos en este tabernáculo de barro, a fin de vencer al enemigo de toda rectitud, y dar reposo a nuestras almas en el reino de Dios.
9:7 Y ahora escribo un poco concerniente a los padecimientos de este pueblo, porque según las noticias que he recibido de Amorón, he aquÃ, los lamanitas tienen muchos prisioneros que tomaron de la torre de Sherriza; y habÃa entre ellos hombres, mujeres y niños.