El Libro de Mormón
El Libro de Mormón 23:13 Y ahora bien, ya que habéis sido librados de estas ligaduras por el poder de Dios, sí, de las manos del rey Noé y su pueblo, y también de las ligaduras de la iniquidad, así deseo que os mantengáis firmes en esta libertad con que habéis sido libertados, y que no confiéis en ningún hombre para que sea rey sobre vosotros.
23:14 Ni confiéis en nadie para que sea vuestro maestro ni vuestro ministro, a menos que sea un hombre de Dios, que ande en sus vías y guarde sus mandamientos.
23:15 Así instruyó Alma a su pueblo, a fin de que cada uno amara a su prójimo como a sí mismo, para que no hubiese contención entre ellos.
23:16 Y Alma era su sumo sacerdote, por ser el fundador de su iglesia.
23:17 Y sucedió que nadie recibía autoridad para predicar ni para enseñar, sino de Dios, por medio de Alma. Por tanto, él consagraba a todos los sacerdotes y a todos los maestros de ellos; y nadie era consagrado a menos que fuera hombre justo.
23:18 Por tanto, velaban por su pueblo, y lo sustentaban con cosas pertenecientes a la rectitud.
23:19 Y ocurrió que empezaron a prosperar grandemente en la tierra; y la llamaron la tierra de Helam.