El Libro de Mormón
El Libro de Mormón 10:8 Y sucedió que obedecí la voz del ángel, y me volví rumbo a mi casa. Y mientras allí me dirigía, encontré al hombre del cual me dijo el ángel: Lo recibirás en tu casa; y he aquí, era este mismo hombre que os ha estado hablando concerniente a las cosas de Dios.
10:9 Y me dijo el ángel que es un hombre santo; por tanto, yo sé que es un hombre santo, porque lo declaró un ángel de Dios.
10:10 Y además, sé que las cosas de que ha testificado son verdaderas; porque he aquí, os digo: Así como vive el Señor, ha enviado a su ángel para manifestarme estas cosas; y ha hecho esto mientras este Alma ha morado en mi casa.
10:11 Pues he aquí, ha bendecido mi casa, me ha bendecido a mí, y a las mujeres de mi casa, y a mis hijos, y a mi padre, y a mis parientes; sí, ha bendecido a todos los de mi parentela, y la bendición del Señor ha descendido sobre nosotros, de acuerdo con las palabras que habló.
10:12 Ahora bien, cuando Amulek hubo pronunciado estas palabras, el pueblo comenzó a asombrarse, viendo que había más de un testigo que daba testimonio de las cosas de que se les acusaba, y también de las cosas que habían de venir, de acuerdo con el espíritu de profecía que había en ellos.