El Libro de Mormón

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Capítulo 32

Alma enseña a los pobres, cuyas aflicciones los habían humillado—La fe es una esperanza en aquello que no se ve y que es verdadero—Alma testifica que ángeles ministran a hombres, a mujeres y a niños—Alma compara la palabra a una semilla—Ésta se debe plantar y nutrir—Entonces crece hasta llegar a ser un árbol del cual se recoge el fruto de la vida eterna. Aproximadamente 74 a.C.

  32:1 Y acaeció que salieron y empezaron a predicar al pueblo la palabra de Dios, entrando en sus sinagogas y en sus casas; sí, y aun predicaron la palabra en sus calles.

  32:2 Y sucedió que después de trabajar mucho entre ellos, empezaron a tener éxito entre la clase pobre; pues he aquí, éstos eran echados de las sinagogas a causa de la pobreza de sus ropas.

  32:3 Por tanto, no les era permitido entrar en sus sinagogas para adorar a Dios porque eran considerados como la hez; por tanto, eran pobres; sí, sus hermanos los consideraban como la escoria; de modo que eran pobres en cuanto a las cosas del mundo, y también eran pobres de corazón.

  32:4 Y mientras Alma estaba enseñando y hablando al pueblo sobre el cerro Onida, fue a él una gran multitud compuesta de aquellos de quienes hemos estado hablando, de aquellos que eran pobres de corazón a causa de su pobreza en cuanto a las cosas del mundo.


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