El Libro de Mormón
El Libro de Mormón 32:5 Y llegaron a Alma; y el principal entre ellos le dijo: He aquÃ, ¿qué harán éstos, mis hermanos? Pues son despreciados por todos los hombres a causa de su pobreza; sÃ, y más particularmente por nuestros sacerdotes, porque nos han echado de nuestras sinagogas, que con tanto trabajo hemos edificado con nuestras propias manos; y nos han echado a causa de nuestra suma pobreza; y no tenemos un lugar para adorar a nuestro Dios. He aquÃ, ¿qué haremos?
32:6 Y cuando Alma oyó esto, volvió su rostro directamente hacia él, y los observó con gran gozo; porque vio que sus aflicciones realmente los habÃan humillado, y que se hallaban preparados para oÃr la palabra.
32:7 Por tanto, no dijo más a la otra multitud; sino que extendió la mano y clamó a los que veÃa, aquellos que en verdad estaban arrepentidos, y les dijo:
32:8 Veo que sois mansos de corazón; y si es asÃ, benditos sois.
32:9 He aquÃ, vuestro hermano ha dicho: ¿Qué haremos?, porque somos echados de nuestras sinagogas, de modo que no podemos adorar a nuestro Dios.
32:10 He aquÃ, os digo: ¿Suponéis que no podéis adorar a Dios más que en vuestras sinagogas?