El Libro de Mormón
El Libro de Mormón 34:39 SÃ, y también os exhorto, hermanos mÃos, a estar continuamente prontos para orar para que no seáis desviados por las tentaciones del diablo, para que no os venza, ni lleguéis a ser sus súbditos en el último dÃa; porque he aquÃ, él no os recompensa con ninguna cosa buena.
34:40 Y ahora bien, amados hermanos mÃos, quisiera exhortaros a que tengáis paciencia, y que soportéis toda clase de aflicciones; que no vituperéis a aquellos que os desechan a causa de vuestra suma pobreza, no sea que lleguéis a ser pecadores como ellos;
34:41 sino que tengáis paciencia y soportéis esas congojas, con una firme esperanza de que algún dÃa descansaréis de todas vuestras aflicciones.
La predicación de la palabra destruye las artimañas de los zoramitas—Expulsan a los convertidos, los cuales se unen al pueblo de Ammón en Jersón—Alma se aflige por la iniquidad de su pueblo. Aproximadamente 74 a.C.
35:1 Y aconteció que después que Amulek hubo dado fin a estas palabras, se separaron de la multitud y se fueron a la tierra de Jersón.
35:2 SÃ, y el resto de los hermanos, después que hubieron predicado la palabra a los zoramitas, llegaron también a la tierra de Jersón.