El Libro de Mormón
El Libro de Mormón Alma testifica a Helamán acerca de su conversión tras haber visto a un ángel—Padeció las penas de un alma condenada, invocó el nombre de Jesús y entonces nació de Dios—Un dulce gozo llenó su alma—Vio concursos de ángeles que alababan a Dios—Muchos conversos han probado y visto como él ha probado y visto. Aproximadamente 74 a.C.
36:1 HIJO mío, da oído a mis palabras, porque te juro que al grado que guardes los mandamientos de Dios, prosperarás en la tierra.
36:2 Quisiera que hicieses lo que yo he hecho, recordando el cautiverio de nuestros padres; porque estaban en el cautiverio, y nadie podía rescatarlos salvo que fuese el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob; y él de cierto, los libró en sus aflicciones.
36:3 Y ahora bien, ¡oh mi hijo Helamán!, he aquí, estás en tu juventud, y te suplico, por tanto, que escuches mis palabras y aprendas de mí; porque sé que quienes pongan su confianza en Dios serán sostenidos en sus tribulaciones, y sus dificultades y aflicciones, y serán enaltecidos en el postrer día.
36:4 Y no quisiera que pensaras que yo sé de mí mismo; no de lo temporal, sino de lo espiritual; no de la mente carnal, sino de Dios.
