El Libro de Mormón
El Libro de Mormón 39:1 Hijo mÃo, tengo algo más que decirte de lo que dije a tu hermano; porque he aquÃ, ¿no has observado la constancia de tu hermano, su fidelidad y su diligencia al guardar los mandamientos de Dios? He aquÃ, ¿no te ha dado un buen ejemplo?
39:2 Porque tú no hiciste tanto caso de mis palabras, entre el pueblo de los zoramitas, como lo hizo tu hermano. Y esto es lo que tengo en contra de ti: Tú seguiste jactándote de tu fuerza y tu sabidurÃa.
39:3 Y esto no es todo, hijo mÃo. Tú hiciste lo que para mà fue penoso; porque abandonaste el ministerio y te fuiste a la tierra de Sirón, en las fronteras de los lamanitas, tras la ramera Isabel.
39:4 SÃ, ella se conquistó el corazón de muchos; pero no era excusa para ti, hijo mÃo. Tú debiste haber atendido al ministerio que se te confió.
39:5 ¿No sabes tú, hijo mÃo, que estas cosas son una abominación a los ojos del Señor; sÃ, más abominables que todos los pecados, salvo el derramar sangre inocente o el negar al EspÃritu Santo?
39:6 Porque he aquÃ, si niegas al EspÃritu Santo, una vez que haya morado en ti, y sabes que lo niegas, he aquÃ, es un pecado que es imperdonable; sÃ, y al que asesina contra la luz y el conocimiento de Dios, no le es fácil obtener perdón; sÃ, hijo mÃo, te digo que no le es fácil obtener perdón.