El delincuente honrado
El delincuente honrado Escena XIV
TORCUATO.- (Muy pensativo y paseando.) En fin, ya no hay recurso... Ya no puedo salvar a mi amigo sin exponer mi propia vida. ¡Anselmo tiene contra sà tantas sospechas...! Si se obstina en callar, sufrirá todo el rigor de la ley... Y tal vez la tortura... (Horrorizado.) ¡La tortura...! ¡Oh nombre odioso! ¡Nombre funesto...! ¿Es posible que en un siglo en que se respeta la humanidad y en que la filosofÃa derrama su luz por todas partes, se escuchen aun entre nosotros los gritos de la inocencia oprimida...? Pero ¿sufriré yo que por mi causa...? No; el honor me sujeta a la dureza de las leyes, y yo serÃa digno de ella si le expusiese por evitarla. Perdona, triste Laura, tú, cuyas virtudes eran dignas de suerte más dichosa; perdona a este infeliz el sacrificio que va a hacer de una vida que es tuya, en las aras del honor y de la amistad.