El delincuente honrado
El delincuente honrado SIMÓN.- Allá se las avenga; si no quiere pernear, que cante de plano. Tú, hijo mÃo, ya has abogado bastante en su favor; deja ahora que el señor don Justo haga su oficio, pues sabe lo que se hace.
TORCUATO.- (A SIMÓN.) También sé yo lo que me toca hacer por un amigo de cuya inocencia estoy seguro. (A JUSTO.) ¿Y habrá algún inconveniente en que yo le hable?
JUSTO.- No os lo permitirán sin orden mÃa; pero os la daré, y no habrá embarazo. (JUSTO se acerca a la mesa, escribe un papel, le entrega a TORCUATO, y éste se retira. JUSTO, viendo ir a TORCUATO.) ¡Cuánto me compadece! La suerte de su amigo le tiene inconsolable. ¡Qué corazón tan honrado!
Escena II
JUSTO, SIMÓN.
JUSTO.- (Paseándose.) Mucho me agradan, señor don Simón, el juicio y los talentos de este mozo. La señora Laura será muy dichosa en su compañÃa.