El delincuente honrado
El delincuente honrado FELIPE.- ¿Carruaje? Cuantos pidáis. Mientras la corte está en San Ildefonso, no hay cosa más de sobra en Segovia; pero, como yo no sabÃa dónde era nuestro viaje, no me atrevà a ajustar alguno. Si vamos a Madrid, tendremos retornos a docenas. El coche que trajo el alcalde de corte aún no se ha ido y se podrá ajustar barato. ¡Ah, señor! (me acuerdo ahora por el alcalde de corte), ¿no sabéis lo que hay de nuevo...? (TORCUATO nada le responde.) Acaban de traer a la cárcel a Juanillo, el criado del Marqués. (TORCUATO se inmuta.) ¡Pobrete! Ahora tendrá que confesar de plano, si no quiere cantar en el ansia. Dicen que sabe cuanto pasó en el desafÃo de su amo. Pardiez, él será muy tonto en no desembuchar cuanto ha visto.
TORCUATO.- (Aparte.) Ya el riesgo es más urgente... Felipe.
FELIPE.- Señor...
TORCUATO.- Haz que mis vestidos se pongan en los baúles; a Eugenia que te entregue toda mi ropa blanca; y date prisa, porque nuestro viaje es pronto, y durará algunos dÃas.
