El delincuente honrado
El delincuente honrado Escena II
TORCUATO, FELIPE.
FELIPE.- Señor...
TORCUATO.- Pues ¿y don Anselmo?
FELIPE.- Viene al instante. ¡Oh, qué trabajo me costó despertarle! Cuando entré en su cuarto estaba dormido como un tronco; pero le hablé tan recio, metí tanta bulla y di tales tirones de la ropa de su cama, que hubo de volver de su profundo letargo, y me dijo que venía corriendo. Ya yo me volvía muy satisfecho de su respuesta, cuando veo que, dando una vuelta al otro lado, se echó a roncar como un prior; con que me quité de ruidos, y con grandísimo tiento le fui poco a poco incorporando; le arrimé las calcetas, ayudele a vestirse, y gracias a Dios, le dejo ya con los huesos en punta.
TORCUATO.- Muy bien. ¿Y has sabido si tendremos carruaje?
