El delincuente honrado
El delincuente honrado Escena X
JUSTO, solo.
JUSTO.- ¡Santo Dios, encamina sus pasos...! Ve aquà el natural y dulce fruto de la virtud: todos se complacen en protegerla, y todos corren ansiosos a sostenerla en la adversidad. Pero ¡cuán débiles son sus apoyos contra la fuerza y el poder! ¡Virtud santa y amable! Tú serás siempre respetada de las almas sencillas; mas no esperes hallar asilo entre los vanos y poderosos... ¡Cuánto ha cambiado mi suerte en solo un dÃa! ¿Es posible que me he de hallar en la dura necesidad de derramar mi propia sangre...? ¡Hijo desventurado...! ¡La mano de tu bárbaro padre te va a ofrecer el amargo cáliz de la muerte! ¡Funesta obligación...! ¡Horrible ministerio...! Si acaso don Anselmo... ¡Ah!, ¡qué podrán sus débiles ruegos contra los de tantos importunos... contra el respeto de las leyes... contra la preocupación del Gobierno...! ¡Ah!...