El delincuente honrado
El delincuente honrado TORCUATO.- (Con voz desmayada.) En este triste y pavoroso instante la imagen de Laura ocupa únicamente mi memoria, y el eco penetrante de sus suspiros resuena en el fondo de mi alma... ¡Ay, Laura! Yo no soy digno de tan amargas lágrimas... (Mirando a su padre.) Mi padre... ¡Ah! su venerable presencia y su tristeza me destrozan el corazón... ¡Oh, muerte! Sin
estos objetos tú no serías terrible a mis ojos. (Llamando a su padre.) Padre...
JUSTO.- (Sin oírle, y paseándose.) Hay que vencer tantas dificultades antes de hablar a un Soberano!
TORCUATO.- (Con voz más animada.) Padre...
JUSTO.- (Paseándose, pero sin volver el rostro.) Las lágrimas me ahogan... No puedo responderle.
TORCUATO.- (Esforzando más la voz.) Querido padre...
JUSTO.- (Prontamente.) ¡Hijo mío!
TORCUATO.- Yo estoy fatigado, y el peso de los grillos no me deja llegar a vuestras plantas... Mi hora se acerca... Dignaos de bendecir por la última vez a este hijo desgraciado.