Ulises
Ulises La literalidad en tales casos se hacía imposible y era forzoso buscar una equivalencia, a menos que se optara por aumentar la ilegibilidad al dar el párrafo en castellano: «… esa marmórea figura, helada y terrible música con cuernos de la divina forma humana, ese símbolo de profética sabiduría [afirma] que si algo de lo que la imaginación o la mano del escultor ha labrado en mármol espiritualmente transfigurado en espiritual transfiguración merece vivir, merece vivir.»
El libro de Joyce constituiría una magnífica oportunidad para reabrir el dilatado e inagotable debate relativo a si las traducciones deben ser literales o interpretativas, debate que razonablemente debe tenerse por carente de sentido. Chateaubriand, al intentar expedirse al respecto, no hace más que eludir el tema: «La traduction littérale me paraît toujours la meilleure: une traduction interlineaire serait la perfection du genre, si on lui pouvait ôter ce qu’elle a de sauvage.» Cada idioma posee una jerarquía que le es privativa y que no admite paralelos absolutos, ni tribunales de apelación ni jurisprudencias: tan salvaje resulta, en consecuencia, la traducción literal —si no olvidamos el significado de este término— como la divagación y la fantasía. «Le temps des traductions infidèles est passé», decía ya en el pasado siglo Leconte de Lisle.
¿Podría hacerse cuestión de literalidad o iliteralidad en un párrafo como éste de Ulises?: