Ulises
Ulises La arena granulosa habÃa desaparecido debajo de sus pies. Sus botas hollaron otra vez un crujiente mastelero húmedo, conchas de navajas, guijarros chirriantes, todo eso que viene a quebrarse sobre los innumerables guijarros, madera cribada de tiñuelas. Armada perdida[24]. Malsanos bancos de arena esperaban para chupar sus suelas caminantes exhalando aliento de alcantarilla. Él los sorteó, caminando cautelosamente. Una botella de cerveza velaba, hundida hasta la cintura, en el hojaldre de la arena pastosa. Centinela: isla de la sed terrible. Flejes rotos sobre la orilla; en la tierra un laberinto de redes astutas; más lejos puertas traseras garabateadas con tiza y sobre la playa más alta una cuerda de tender ropa con dos camisas crucificadas. Ringsend: chozas de pilotos morenos y patrones de barcos. Mariscos humanos.
Se detuvo. Me he pasado del camino a casa de la tÃa Sara. ¿No voy allÃ? Parece que no. Nadie por aquÃ. Se volvió hacia el nordeste y cruzó la arena más firme hacia el Pigeonhouse.
—Que vous a mis dans cette fichue position?
—C’est le pigeon, Joseph[25].